LA TEMPESTAD ES UNA CALAMIDAD HUMANA

Desde tiempos remotos, los tifones y las inundaciones son considerados catástrofes naturales. Todo el mundo los acepta como fenómenos inevitables. Sin embargo, desde mi punto de vista, son calamidades humanas. Voy a explicarpor qué.

Actualmente, los científicos se han propuesto como objetivo la disminución de esos sucesos por medio de la investigación y del progreso de la meteorología. En el Japón, cada año se invierten enormes cantidades en instalaciones adecuadas para ese fin. Hay un esfuerzo constante y de hecho se han obtenido algunos resultados, pero parece difícil que se alcance ese ambicioso propósito. Solo en Japón, los perjuicios anuales causados por tales sucesos se elevan a una suma muy alta. (…) Si se suman los daños materiales y morales causados por grandes y pequeños tifones, varias veces al año, el total, resulta gigantesco, difícil de calcular.

Frente a tal situación, aunque no haya posibilidad de exterminar estos desastres, es necesario hacer todo el esfuerzo para que los daños sean lo menos posibles. El gobierno y el pueblo están empleando todos los métodos practicables, pero hay una falta de presupuesto e infraestructura, que ni se acerca al monto previsto. Si persisten las deficiencias, está claro que se encontrará solución para el problema.

En las condiciones actuales, en que se depende sólo de la investigación meteorológica, es imposible presentar auxilio en casos de emergencia. Decimos imposible porque las investigaciones científicas están basadas en el materialismo o sea que se analiza la parte superficial de todo, sin procurar descubrir su interior.

Para solucionar el problema, hay un único recurso: aprender la esencia de ese interior y tomar providencias para prevenir las calamidades. Pero ahí surge la pregunta: ¿Es posible conocer las causas fundamentales del problema? Me gustaría probar que sí.

En principio diré que la tempestad es la acción purificadora del espacio sobre la tierra, o sea, de aquellos
que llamamos Mundo Espiritual, pues hasta en él hay una constante acumulación de impurezas. Desde el punto de vista material, es como llenar de capas de polvo, una ciudad o una casa. Sólo que, como el Mundo Espiritual es invisible, el hombre no percibe esa acumulación. Y si hasta hoy esa percepción no fue posible, es porque la educación está dirigida sólo hacia la materia, dejando de lado los estudios espirituales.

Siempre decimos que esa es la mayor falla de la humanidad. Si no se reconoce la existencia del Mundo
Espiritual y no se realizan investigaciones basadas en ese conocimiento, no será fácil comprender el principio de las tempestades. Así, la misión original de la religión es hacer reconocer que existe el Mundo del Espíritu, ignorando y negado por casi todos. Sin embargo, me parece que las antiguas religiones siempre se mostraron desinteresadas en relación con este asunto, lo que es muy extraño. Pero dejemos eso de lado.

Como ya expliqué, anteriormente, cuando se acumulan impurezas en el Mundo Espiritual, de forma natural surge una acción purificadora: el viento dispersa esas impurezas y el agua las lava. Eso es la tempestad. En realidad, no hay ninguna diferencia entre ella y la limpieza que se hace a diario en el Mundo Material. Por lo tanto, identificar la causa de esas manchas es la única llave para solucionar el problema.

La impureza es la nube creada por el pensamiento, por la palabra y por la acción del hombre. O sea, la maldad en los pensamientos, palabras y acciones del ser humano influyen en el Mundo Espiritual, generando nubes. Por esa razón, ante la frecuente ocurrencia de grandes tifones, podemos comprender cómo los pensamientos se volvieron malos, cuántas horribles palabras se pronunciaron y cuántas lamentables acciones se practicaron.

Sin embargo, diré que hay una manera muy fácil de eliminar esas nubes: basta que la situación se invierta, o sea, que los pensamientos, las palabras y las acciones de los hombres se vuelvan buenos. En otros términos: por medio del Bien, purificar el Mundo Espiritual nublado por el Mal. En ese caso, el Bien se transforma en Luz para eliminar las manchas. Por ejemplo, los himnos cristianos, el Sutra budista y también las oraciones sintoístas son oraciones de amor y alabanza y por eso contribuyen a la limpieza del
Mundo Espiritual. Si ellas no existieran, los tifones serían aún más violentos. Frente a lo expuesto, podemos afirmar que quien genera el tifón es el sujeto humano y él mismo sufre con eso. Realmente, la Naturaleza es perfecta.

La tempestad es un fenómeno semejante al proceso de purificación conocido como la enfermedad, la cual surge del cuerpo humano cuando en el se acumulan las impurezas. Por lo tanto, como método para prevenir las tempestades, basta que comprendan ese principio; dejen de practicar el Mal y comiencen a realizar el Bien. Es necesario reconocer que además de éste, no hay otro método que presente soluciones radicales.

24 de setiembre de 1949
Cimiento del Paraíso

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