Anteriormente, escribí un ensayo titulado “Auto observación”, pero a diferencia de aquél, de índole objetiva, daré esta vez una visión de mí mismo en forma subjetiva.
Creo que en la actualidad no existe persona alguna más feliz que yo, por lo que estoy constantemente lleno de gratitud a Dios. ¿Cuál es la causa de esta plenitud?
En realidad, no soy como la generalidad de las personas, ya que Él me ha atribuido una gran misión que me empeño en cumplir día y noche. Todos los fieles mesiánicos saben que un incontable número de seres está siendo salvado por medio de ella.
Sin embargo, hay un secreto para lograr la felicidad que es fácil de practicar aun por la gente común, que no tiene una misión especial como la mía. En primer lugar, deseo abrir mi corazón mostrando lo que perdura en mi interior. Desde mi juventud me gustaba dar alegría al prójimo, al punto de haberse convertido en una especie de afición para mí. Mi pensamiento permanente es como hacer felices a los demás. Por ejemplo, cada mañana cuando me levanto, lo primero que hago es preguntar cómo se encuentran los demás miembros de mi familia. Si alguien está de mal humor, me afecta sobremanera.
En la sociedad ocurre justamente lo contrario, ya que son los subordinados quienes se interesan por el estado de ánimo de sus superiores.
Como yo actúo de otra forma, esto me causa extrañeza a la vez que me desilusiona un poco. Por esta razón, lo que más me duele y me aflige es escuchar gritos iracundos, quejas y lamentaciones inútiles, así como cuando hablan repetidas veces sobre un mismo asunto. Soy alegre y pacífico desde lo más profundo de mí ser. Esta es mi naturaleza.
Entonces, ocuparme del bienestar de todos constituye una de las causas de mi felicidad. Por eso, siempre afirmo que si no hacemos feliz al prójimo, no podremos ser felices. Creo que mi mayor objetivo, el Paraíso Terrestre, será la ampliación y la repercusión de este sentimiento en el corazón de todos los hombres.
Me incomoda un tanto que este capítulo contenga mi propia alabanza de mis virtudes; pero me sentiré satisfecho si resultara útil para aquellos que lo lean.
30 de agosto de 1949.